Hermanas, qué mensaje puedo enviarles en este
trimestre donde ya, en plena etapa vacacional, las
mujeres del hogar, por regla general, nos preguntamos:
¿qué hacer con los niños en julio y agosto?, ¿cuánto
subirá la electricidad, si al estar en casa utilizamos los
ventiladores todo el día y está encendido el televisor
de manera casi permanente?, ¿dónde ir en busca de
alimentos más baratos para toda la familia?
¿Cuántas expectativas ante los cambios que vamos
viviendo en el país, cuántas ansiedades frente a los
salarios que en algunos casos han aumentado pero,
con la subida de los precios en muchos artículos, no
se percibe la mejoría en los bolsillos?
¿Qué intranquilidad frente a hechos narrados o vividos
frente a los cuales urge encontrar solución pero que no
la hallamos con la prontitud que deseamos? Todo ello,
al menos para mí, es una fuente de conflicto constante
porque cada minuto de mi vida y en especial el domingo,
delante del Santísimo me pregunto: ¿dónde esta mi
fe? Si confiáramos en Él, todo sería más llevadero
pero a veces lo olvidamos.
Jesús nos dice: “Vengan a mí todos los que están
afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre
ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente
y humilde de corazón, y así encontrarán alivio… Porque
mi yugo es suave y mi carga liviana…”
Entonces, ¿por qué esa autosuficiencia de creer que
con nuestro propio esfuerzo todo se resolverá?, ¿por
qué no confiar en que el Señor de la historia siempre
estará con nosotros hasta el fin de los tiempos? Pero
queremos ser como dioses, ahí está nuestro pecado
mayor. Cada día tiene su propio afán, pero todo será
más llevadero si nos dejamos guiar por aquel que nos
lleva a las aguas tranquilas que confortan nuestra alma.
Felices vacaciones, otro regalo que nos da Dios, y no
olvidemos el alabarlo y darle gracias en nuestros
momentos de solaz esparcimiento.
En todo tiempo la dignidad del ser humano, hombre y
mujer, es un tema obligado a tratar por todo aquel
interesado en la promoción de cada persona, empezando
por uno mismo. En nuestros días y en nuestro medio
conviene reflexionar un poco sobre la vida cotidiana
y los riesgos de ir perdiendo poco a poco nuestra
identidad y nuestra condición moral. Hay factores
que contribuyen a salirse del patrón querido por Dios
para el ser humano ante las dificultades objetivas que
no ayudan a un cauce progresivo de la personalidad.
La tarea de favorecer una cultura que nos apoye a
salir adelante sin hacer concesiones que nos rebajen
es un deber de todos.(leer)
Este año se cumple el segundo centenario del natalicio de
Gertrudis Gómez de Avellaneda, una de las grandes poetisas
en lengua castellana. Junto a José María Heredia (1803-1839)
forma un dúo significativo del primer romanticismo cubano.
En la nostálgica y azarosa vida de “La Peregrina” -seudónimo
que usó con frecuencia- se deja traslucir el sentido religioso,
que también reflejan algunos de sus poemas. Esta poetisa
manifiesta su talante cristiano no sólo en la poesía sino en
la actitud vital que asumió frente al sufrimiento causado
por el alejamiento de su tierra natal y por la separación o
muerte prematura de sus seres queridos.(leer)




